Mi primo de Zumosol

Pubicado en3 comentariosCategoríasBlog

Supongo que recordaréis unos anuncios que echaban hace ya un porrón de años en los que salía un criajo más bien enclenque presumía de tener un primo súper fuerte al que acabó apodándosele ‘El primo de Zumosol’ ya que el anuncio era acerca de dicha marca de zumos. El caso es que yo siempre tuve un primo como ese, aunque no creo que beba o bebiese mucho Zumosol. Igual de grande, igual fuerte, igual de paciente -todo ello por dentro y por fuera.

Nunca le he dado las gracias por aguantarme todos estos años, sobre todo cuando era mucho más joven -sobre quince años- cuando únicamente salía de fiesta por las noches -a verbenas o discotecas, lo que se terciase- si salía él y, por supuesto, bajo su responsabilidad. Y no era cosa fácil ya que, por aquel entonces, yo era un bicharraco mucho más repelente que hoy en día y bastante más difícil de aguantar. Años después me enteré que incluso su madre le amenzó con no dejarle salir si no me llevaba consigo.

El caso es que aunque me puteaban bastante, él y su mejor amigo (yo era el pequeño), siempre estuvo conmigo y nunca me dejó tirado. Me integró en su grupo de amigos y siempre se tenía que volver antes de tiempo los sábados por la noche porque a mí solo me dejaban salir hasta las cuatro. Y nunca se quejó. Por lo menos no delante mía.

Me acuerdo, hace un montón de años, que me enteré que no quería llevarme a las fiestas de los pueblos porque me quedaba parado en mitad de la fiesta sin bailar, ni “ná” y que “era un rollo llevarme”. No recuerdo cómo fue que me enteré, seguramente a través de mi madre, qué él había dicho eso. Me enojé tanto y tanto que por orgullo propio y herido hice lo imposible por aprender a bailar, por lo menos lo más básico… bueno, lo típico que se baila en las fiestas. Y lo conseguí …y si tenemos en cuenta que estoy con mi chica gracias a que la conocí bailando -porque ahora me encanta bailar latino- podemos decir que una pequeña parte es gracias a él.

También recuerdo una vez, tendríamos yo diez años y él doce, en la que estábamos discutiendo. Peleando seguro que no, porque siempre fue inmensamente más fuerte que yo dado que tiene una constitución física fuera de lo común, pero a buen seguro estábamos gritándonos. En un arrebato cogí el mando a distancia de la televisión y se lo lancé -estaba a un par de metros- con tan mala suerte que se lo estampé en toda la nariz. Nunca hubiese pensado que un mando a distancia tuviese tantas piezas como las que ví saltar alrededor de su cara tras el impacto. Se echó las manos a la cara y después miramos ambos el cadáver electrónico (por aquel entonces todo un lujo). Cruzamos una mirada y comenzamos a montarlo todo, más o menos como supimos. Lo cerramos y por un milagro funcionaba. No hay vez que no lo recuerde que no sonría al recordar cuando vimos que, efectivamente, funcionaba correctamente y nos vimos, satisfechos de nuestra heroicidad habiendo olvidado ya por completo porqué discutíamos. Y evitando una bronca monumental.

Otro día, cuando él era portero del equipo local, durante el lanzamiento de una falta magistralmente ejecutada el hizo una estirada que ni Casillas hubiera podido hacer mejor. Se lanzó como un gato, estirandose hasta alcanzar la escuadra y mandó la pelota a córner. El caso es que él cayó mal, con el hombro, y al levantarse hizo el gesto de como que le dolía. Acabó toda la primera parte. En el descanso se sacó la camiseta y tenía un negrón tan grande que no entiendo como no estaba reventado de dolor. Al final fue al médico, claro. No recuerdo si se había astillado la clavícula o se la había roto o algo así… sé que había sido una burrada y el tío no dijo ni “mú”. Pero él es así.

Otra anécdota es que un día, pasamos por mi casa antes de salir de marcha, ya creciditos. El caso es que se achispó algo antes de tiempo y no me preguntes cómo llegamos a ese punto, pero acabó con mi hermana echándole rimel en las pestañas. Y salió así. Sin más. Y se lo pasaba bomba cada vez que alguien se daba cuenta. Lo que nos reímos todos juntos.

Recuerdo las salidas al Coto a ver las estrellas todos juntos (él, su grupo de amigos y yo). Recuerdo las noches en las gradas del campo de fútbol de cháchara. Las acampadas el ocho de agosto, sobre todo aquella en la que montamos aquella carpa gigante en la que pudimos pasarnoslo genial aunque afuera llovía a mares. Recuerdo las partidas que echamos en la SuperNES al Mario y en la Play a ProEvolution Soccer, que molaba más que el FIFA. Recuerdo tantas cosas…

Hoy por hoy, nos hemos distanciado algo. No por nada en particular si no porque como sucede siempre, la vida nos va llevando por sus caminos, acercándonos a personas y alejándonos de otras. Lo que voy sabiendo de él es por mi madre que me va poniendo al día de sus recientes acontecimientos y por su hermano pequeño, al que veo bastante más que a él. Como pasa en todas las familias, supongo.

Lo que me tienen contado últimamente es que en su empresa ya han echado a casi todo el mundo. La crisis, se supone. Y ahora a él lo están puteando de mala manera para que se vaya. Lo envían de un lado a otro sin ton ni son. Hace un par de semanas estuvo en Azores. Después volvió. Ahora lo acaban de mandar de vuelta. Y antes de eso recorrió toda Galicia, a veces para no hacer nada. Simplemente para que se niegue y dar un motivo por el cual echarlo a la calle sin darle un duro o que se queme y se largue por la puerta de atrás -también sin un duro. Pero él sigue ahí. Aguantando. Seguramente por dentro esté organizando una pira humana con sus jefes dentro, pero no dice nada. Siempre que coincido con él, está como siempre: sonriendo.

Este post es para él. Para darle ánimos. Para decirle que le debo mil millones de cafés. Que le debo mil y una buenas experiencias que he vivido gracias a él. Que mucho de mí hoy es gracias a él ayer.

Para desearle un muy feliz cumpleaños aunque quizá nunca llegue a leer estas líneas.

Muchos ánimos.

Muchas felicidades.

Primo mío de Zumosol.

______

 

PD. Hoy, también es el cumpleaños de mi hermanita. No me he olvidado. Te llamo luego, pero quería dedicarle esto al primo.

🙂

 

3 comentarios en “Mi primo de Zumosol”

  1. Ohhhh qué lindo!!! Qué buen regalo de cumpleaños con éste post recordando buenos momentos y dándole las gracias por las cosas buenas que dejó en tí.

    Me ha encantado….. y hay que encargarse de que lea el post!!!!! Tiene que recibir su regalo!!!!

    Un saludo! 😉

  2. Cuánto nos hablabas de tu primo… Recuerdo que un día nos contaste que subió el solito una puerta de acero a un quinto piso sin ascensor ni ayuda.

    Espero que le vaya todo bien.

    s2.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *